Saturday, 18 June 2011

" XiRiMiRi Neozelandés"

20:00 h. Thursday 16 June 2011-06-17


Adoro esta tierra que me vio llegar llena de incertidumbre y alguna que otra pizca de miedo a lo desconocido y al que me depararán estos meses, pero que con su cálido abrazo despejó de inmediato.
Inevitablemente en 19 días la tengo que dejar para regresar de nuevo a la mía. Siento aquí adentro que la voy a añorar muchísimo, porque esta experiencia tal vez marque un antes y un después en mi historia, en mis recuerdos.
Creo que estoy aprendiendo mucho, ya no sólo del idioma; de todo el vocabulario y la destreza verbal adquiridas, también lo que voy viviendo quizás me hacen me hacen más sabia y lo que antes creía eran recursos adquiridos para seguir adelante, ahora se ven multiplicados, y me hallo repleta de energía y vitalidad para afrontar lo que se me presente en el camino.
Cada día que pasa en cada lugar, rodeada de gente tan amable, sin maldad al menos aparente, con esa tremenda educación de la que hacen gala y sobre todo con esos valores de respeto hacia la naturaleza tan arraigados. Se transmite a todo el que decide poner los pies en estas tierras llenas de luz, de color y con ese inconfundible olor a mar, a hierba y a aromas que recuerdan todo lo que nos puede ofrecer.
Si ya sé… me pongo tontona, pero es de que de veras siento que voy a añorar todo esto.
Ahora estoy en Wellington, nos quedaremos aquí un día más y luego partiremos hacia Napier, ese lugar en el que sí que no he estado antes ni cuando estaba de viajera solitaria, así que tengo curiosidad por saber cómo será. Por la guía de viajes sé que tiene una costa encantadora e infinidad de actividades al aire libre que realizar.
Anteayer salimos en el ferry “Interislander” que atraviesa en estrecho de Cook, que es el que separa la isla Norte de la Sur, mi tercer viaje a bordo, tres horas y pico de navegación entre fiordos, esta vez sin nieve, apareciendo el sol entre montañas, observando la llanura que el mar entre ellas presenta, lo azul que es el cielo, y lo verde del mar, saliendo a cubierta y disfrutar del airecillo que choca contra mi cara con levedad.
Un equipo mixto entero de baloncesto tiene la popa plagada, cuento al menos unos cuarenta jugadores/as, bromean entre barullo y risas, hacen la ola, tocan las palmas… supongo que irán a jugar a Wellington u otra ciudad cercana, se les ve contentos.
Me pongo mis gafas de sol, cierro los ojos, hace calorcito y lo siento en mi tez, se está de lujo acá arriba.
Nines y un chico mexicano que conocimos en Nelson, Edgar, han ido a la cafetería en la que también hay unas vistas buenas, tomaré un rato el solete aquí arriba y dentro de un rato bajo.
Una vez en Wellington, esperamos a que la cinta carrusel deslizara nuestro equipaje y nos encaminamos a nuestro albergue, el mismo en el que me alojé la última vez que estuve en esta ciudad, que, debido al mal tiempo que me aconteció entonces, me dejó un agrio sabor de boca, pero ahora se ve modificado con las temperaturas agradables. Esta ciudad es realmente bonita, en especial al anochecer, las luces de la ciudad y de los edificios le confieren un aspecto acogedor pero grandioso a su vez, el contorno de los edificios oscuros en contraste con el azul marino del cielo que anuncia el inminente negro son un espectáculo para los sentidos.
Me he comprado dos gorras más, son tan bonitas y estilosas que ha sido inevitable, ya sé, he de parar! Tengo ya 8 aunque algunas de ellas sean para regalos, ya son suficientes.
El día que llegamos fuimos los tres a tomar algo por la ciudad, más concretamente a Cuba Street y para ser martes había bastante ambiente, se nota el cambio de temperatura en esta parte Norte del país.
Noticias de última hora: un nuevo terremoto en la castigada Chrischurch; 75 muertos y 300 desaparecidos, basta ya… esa ciudad ya no puede albergar más tristezas ni más llantos, a las personas desaparecidas en el anterior se les suman las lágrimas de las nuevas; los familiares que han ido a reunirse con ellos… y que se puede hacer contra las fuerzas de la naturaleza… A mis amigos argentinos que viven allí les pido que por favor se vayan a trabajar a otro lugar, que no se les ha perdido nada, no quiero ni pensar cómo lo estarán viviendo sus familias.
Por otra parte cuenta el noticiario; un volcán en Chile tiene el espacio aéreo complicado debido a la constante emisión de sus cenizas. En China ha habido inundaciones… ¿Qué pasa en el mundo?
Mi compañero de trabajo me manda un sms diciéndome si he sentido el temblor, me entero por él de lo sucedido. Me dice que echa de menos nuestras charlas, yo también te echo de menos Imanol!
Al anochecer paseamos por el paseo del puerto, es precioso y la luna más, está enorme y hacemos fotos jugando con ella; cogiéndola en la mano, haciendo como que mordemos un pedacito… hace una temperatura agradable y me siento en verano, ya pronto estaré en el verdadero verano.
Un grupo de remeros/as entrenan en el puerto, me gusta ver como lo hacen; se desplazan marcha atrás mientras la luna se sigue elevando lentamente sobre la montaña, mientras tanto, una artista callejera canta hermosas canciones con una nítida voz llena de matices, un grupo de personas disfrutan de su actuación atentos y sin hacer ruido. Esencia de ciudad con mar.
La compañía de mejicano resulta agradable y él se ríe mucho con nosotras, le divierten nuestras disparatadas ocurrencias, derrepente y en medio de una plaza, improvisamos un baile totalmente inventado a ritmo de “oye como va” que sale de mi móvil, Nines se ríe a carcajadas y saca fotos con su cámara, yo echo mi gorra al suelo boca arriba para que nos la llenen de moneditas imaginarias porque, no obstante… no hay ni un alma en la plaza.
Él se marcha mañana a Auckland, el viernes ha de hacer un examen sobre medicina ya que en México es médico y le gustaría quedarse aquí y ejercer su profesión, la cual lleva desempeñando algo así como diez años.
El otro día “platicando” sobre sus pacientes, su trabajo y situaciones rocambolescas que se le han presentado, nos contó verdaderas barbaridades presenciadas que evitaré narrar para no provocar revoltijo de estómago a nadie, que a mí sí que me causaron y aun que otro escalofrío. Que vida la del personal sanitario!
Hoy hemos ido (mi segunda vez) a museo Te Papa, y me sigue pareciendo tan bueno como la otra vez aunque haya algunas exposiciones que ya no estén hay unas nuevas igual de interesantes. Hemos decidido quedarnos un día mas y pasado iremos a Napier y después a Taupo a visitar y despedirnos de nuestros dos amigos Craig y Dylan, con los cuales nos hemos seguido comunicando vía correo electrónico y nos han prometido llevarnos a el monte Tahuara o algo así, así que genial, planes interesante a la vista.
Antes de volver a España, me gustaría ir a Bahía de las Islas como al principio y visitar esta vez también Kerikeri y Cape Reinga, extremo norte del país, con su famoso faro coronándolo.
Bueno pues Txiripitifláuticos, me despido por hoy no sin antes expresar lo que tantas veces he sentido:
Amo este país!!


23:00 h. Friday 17 June 2011

Naturaleza virgen que sorprende a cada paso y de la que es imposible cansarse: fiordos, playas, mares y océanos, lagos, cascadas, delfines, ballenas, focas y pingüinos… campos, árboles enormes, plantas que jamás había visto y que quizás jamás vuelva a ver. Personas con luz que me recuerdan que el ser humano puede ser precisamente eso: HUMANO, con todas sus connotaciones positivas. Me vienen a la cabeza algunos nombres, caras y situaciones, momentos… qué fácil es coger cariño a algunas personas, y que sencillo se me hace demostrarlo.
Risas, sentimientos encontrados y algunos nuevos y muchas, tantas ganas de seguir conociendo lugares capaces de impresionar, capaces de hacerme sentir que puedo coger la rosa con más espinas, subir a la colina más empinada y trepar al árbol más alto.



18:00 h. Saturday 18 June 2011-06-18

Autobús de camino a Napier, ciudad formada a partir de un terremoto en 1932, increíble su historia, apasionante leer y poder comprobar cómo las fuerzas a las que no tenemos acceso hacen y deshacen a su gusto sin pedir permiso y ni siquiera avisar, cruel naturaleza en ocasiones, fuerza a Chrischurch, fuerza a sus gentes…
Aun en Wellington no deja de llover, el xirimiri se vuelve más insolente y la estación está a 30 minutos aproximadamente y arrastramos nuestro equipaje bajo la lluvia, está empezando a amanecer, avanzamos ligeras evitando que los coches veloces nos empapen en su camino al trabajo de sus dueños, sería lo que yo llamo empezar bien el día… hundidas de arriba abajo, por suerte, los charcos formados tampoco son para tanto.
Hay más gente de lo previsto en el arcén, varias familias maorís han madrugado para ir a despedir a su familiar o como mucho dos familiares, sin embargo, ahí están como 5 o 6 agitando la mano y sonriendo “son como las familias de gitanos” pienso yo, con la diferencia que aquí se les aprecia y respeta más que en España, a su vez ellos también se muestran respetuosos con los kiwis y con nosotros, los viajeros nómadas.
Pienso: “un maorí hablándome en inglés” al principio suponía agudizar los sentidos al máximo y mirar los labios para descifrar posibles palabras, ahora apenas me cuesta trabajo, de lo cual me siento orgullosa, la gente me decía: sólo es cuestión de algunos días a que te hagas a los sonidos y al acento. De todos modos con los que sí que no tuve problema para comunicarme fue con los alemanes y sobre todo, con los orientales, su inglés es nítido y además, se esfuerzan por que se les entienda.



13:30 h.


Kilómetros de prados de verde hierba… vacas…más kmtrs. de prados…ríos… más vacas… ovejas a cientos, miles de ellas… más vacas rumiando incesantes. El viaje a Napier está durando algo más ya que el bus ha sufrido una avería en al motor así que tardaremos una hora más en llegar, tengo sueño, el día está grisáceo pero a mi izquierda sobre los montes veo asomar el cielo azulito, buen augurio. Canto mentalmente algunas canciones, y si no recuerdo alguna estrofa, pues me la invento, como hacíamos mi hermana y yo cuando éramos pequeñas.
Recuerdo alguna ocasión cuando mi ama cocinaba y yo le cantaba “Mujer contra mujer” de Mecano, ella me decía que le gustaba y es ahora cuando creo, con la sonrisa en los labios que me lo decía para que me mantuviera ocupada y no le picoteara en lo que estaba cocinando, para que me estuviera quietica, aunque en vez de eso improvisaba coreografías que se aliaban con la gravedad para estampar el cocido o lo que tuviera entre manos para acabar esparramado en el suelo.
Recuerdo los juegos inventados con mi hermano, dos mocosos que al llevarse tan solo un año de diferencia compartían horas y horas ideando travesuras de todo tipo.
Un juego consistía en un teatrillo en el que él hacía que era una piedra en el camino y yo una viajera sofocada que hacía un parón para descansar y me sentaba en la roca, la gracia consistía en que la piedra se moviera y la viajera lanzara grititos de asombro y susto, que te parece? Vaya dos lelos! Jajajajajaja! Me hubiera gustado que nos grabaran para verlo ahora. O cuando nos colocábamos en el pasillo y le enseñábamos a mi ama los pies de cada uno simultáneamente asomando y tenía que adivinar de quien era el pie que estaba viendo, si fallaba era un tanto para nosotros, pero llegó un momento que era evidente que uno de los pies era desproporcionadamente más grande y huesudo que el otro, el de mi hermano, claro,aun así, mi ama haría como que no se daba cuenta, seguuuuuro!
Otro de nuestros juegos preferidos era coger una mano cada uno de nuestra ama (cuanto nos ha aguantado por dios!!!) y había que andarse listo para escoger la del anillo matrimonial, que era la buena, y simulábamos que cada mano era un gatito y yo era madre de uno y llamaba a la madre del otro gatito, que en este caso era mi hermano y le mandaba a jugar un rato a su casa, bien, le ponía un abrigo imaginario y llamaba a la puerta, y ya la fiesta padre era cuando los gatitos jugaban dando vueltas, eso nos parecía lo más! Dios mío! Mi madre zarandeaba sus manos “los gatitos” ante el regocijo de los petardos de sus hijos. Dónde estabn la Psp y las Nintendos Ds para no acaparar a mi ama tanto! Aunque he de decir que ese juego era exclusivo de los viajes al pueblo, mientras mi hermana dormía y aita conducía, aun hoy no sé si eran conscientes de nuestras mamarracheces.
Cuando no nos daba por tirarnos horas subidos en los ciruelos e higueras del barrio inventando historias totalmente inverosímiles. Tuvimos una caseta de madera en la que convivía una cobaya que un día decidió no aguantarnos más y darse al libertinaje del campo, escapó por alguna rendija y ala! A vivir!
Por no contar los innumerables bichos e insectos que subíamos a casa con la intención de apadrinar: gatos horripilantes con legañas como camiones, lagartijas sin rabo, rabos sin lagartija, renacuajos que se hacían ranas viejas con cachaba y todo y salían brincando al menor descuido nuestro, caracoles en tupper wares atiborrados a lechuga contra su voluntad, gusanos de seda en todos sus estadíos y tamaños, mariposas sin el polvillo de las alas con intención de que les volviera a salir (si optimismo nos sobraba) gorriones moribundos a los que elaborábamos pastas incomibles a base de alpiste, harina y sabe dios que más e incluso algún que otro perro abandonado que resultaba ser tan solo fugitivo. Hasta que llego Tico, el rey de la casa, ese que entró un buen día vestido de incógnito en una caja de cartón con agujeritos y que fue comprado un domingo por la mañana en la Plaza Nueva de Bilbao, ese animal tan listo como capullo, que se escapaba para aparecer por sorpresa donde estuviera mi aita en la casa, su mayor enemigo, para pegarle un susto que le hacía gritar Virgiiiiiiiiniiaaaaaa! Y los cimientos de la casa se veían peligrar hasta que acto seguido aparecía esa tal Virginia correteando por la casa apresuradamente, cogía a dicho travieso animal en sus manos y lo llevaba al cuarto de baño, su hogar, sin jaulas ni peceras, toodo el baño para él solito, para escaparse a la cocina cuando nos dejábamos abierta la puerta del baño y plantarse delante del frigorífico esperando su recompensa por tal hazaña, o chuparle los pies a mi hermana, la cual lanzaba también su grito de guerra que no era otro que: Virgiiiiiniiiiiaaaa! Pues bien, ese divertido bicho no era otro que mi cobaya Tico, que llegó a crecer tanto que la barriga se le escapaba por los dos lados, ésa alimaña que cuando me oía entrar por la puerta de casa se ponía a lanzar chillidos de rata para llamar mi atención y que le diera su ración de hierbas de la campa, zanahorias, manzanas, o sus preferidas fresas. Vivía en el cuarto de baño en una caja de plástico, más bien la base de una jaula, con piedritas y heno que limpiaba muy a menudo bajo la atenta mirada de ama, barría y fregaba el baño a diario para procurar la mayor y la más pulcra de las higienes, ahora lo pienso como otra forma de adquirir responsabilidades, quien quiera peces pues que se moje el… Ese roedor que finalmente fue admitido en el seno de hogar a base de súplicas y porque no decirlo, que se hacía querer con sus ocurrencias. A mi aita yo le decía que era su nieto y que lo tenía también que querer. También tuvimos hámsters, periquitos, canarios y peces, pero ese bitxejo, junto con la manada de tortugas, que va a resultar cierto que duran cien años porque aun sigue una conmigo, han sido mis preferidos, y los guardo en mi recuerdo con mucho cariño.
Bueno… una pequeña dosis de recuerdos han sustituido esta vez las vivencias en Nueva Zelanda, aunque tal vez no me hubieran venido a la memoria de no ser por estar aquí, en este autobús con rumbo a otro destino nuevo.
Hasta el próximo capítulo!

1 comment:

  1. tu madre se merece un monumento, o dos! jajajajajajajja por dos segundos me he imaginado a tu aita sentado tranquilamente en el sofá ( con el mando en la mano) y derrepente aparecía una cobaya y tu padre gritaba: Virginiaaaaaa! jajajajajajajjaja Disfruta del viaje guapa! muuuuuuuuuuuuaaaaaaaaaaa!

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