Monday, 11 July 2011

Canciones de las antípodas

Iba a empezar el último capítulo de mi blog con una frase que marcó profundamente a una persona antes de venirse conmigo a viajar por tierras desconocidas durante un viaje emocionante a la par que imprevisible, pero he preferido dejarla para el final ya que resume en gran parte lo que siento al finalizar esta primera etapa de la aventura.

Ante todo, agradecer de todo corazón las/ los que me habéis ido leyendo uno a uno, capítulo a capítulo, y a los que de vez en cuando, cuando coincidía o cuando teníais tiempo os habéis abandonado a la realidad para hacer conmigo el viaje más importante de mi vida, las/los que habéis cerrado los ojos y habéis conseguido en vuestra propia piel soñar y volar con mis vivencias, a todos vosotros: GRACIAS.



17:20 h. Saturday 2 July 2011

I´m so sad! (Estoy muy triste!) Antes de lo que pensaba, empieza la nostalgia a apoderarse de mí.
Dejo atrás muchos recuerdos, muchas canciones esparcidas por cada rincón de cada ciudad, de cada bosque, de cada playa… cientos de sonrisas esbozadas. Y me estremezco al pensar todo lo que sentí cuando llegué, las semanas antes de volar hasta aquí, durante el viaje y al principio, como observaba todo lo nuevo, con ojos de niño. Tantas cosas diferentes que descubrir y, como dice una canción de Ojos de Brujo “con los ojos bien abiertos y dejándome llevar”. Sintiéndome libre y dueña de mis horas por primera vez en mucho tiempo.
Sintiéndome feliz por tener la valentía suficiente para llenar mi maleta de energía, planes y una pizca de miedos, los suficientes para descubrir a posteriori lo maravilloso que es poder disfrutar del regalo de viajar. Y recuerdo las palabras del monitor de puenting: cuanto más miedo y nervios pases arriba, mejor será la sensación cuando te lances y estés en un péndulo colgada del puente, recuerdo mi risa desbocada cuando eso sucedió… recuerdo la sensación, esa similar a la que tengo ahora.



22:00 h. Monday 4 July 2011

Hoy justo hace 3 meses que salí de Bilbao hacia Madrid para coger un avión que me traería hasta aquí, llena de expectativas, cargada de emociones y creyéndome en una cuerda floja de excitación y preguntas sin saber muy bien a quien formular.
Pues bien, es ahora cuando puedo hacer balance de todo, es ahora cuando me digo; ey! Mereció la pena! Y todas esas vivencias me han hecho más rica y he aprendido tanto…
Mi primer mes aquí sola, sin ninguna cara conocida. Con un idioma saliendo del cascarón y mil matices en los acentos que se me iban haciendo cada vez más familiares con el paso de los días, tantas personas por conocer ,pero , sobre todo, tantos kilómetros por recorrer de Norte a Sur, de Este a Oeste, sin horarios, sin prisas, solo tiempo de chicle y ganas, muchas ganas de dejarme sorprender por la naturaleza que anunciaba los mejores espectáculos jamás presenciados. Ciertamente, he cogido mucho apego a todo esto que observo por última vez, perdón por lo intenso, pero no puedo (ni quiero!) sentirlo de otro modo.
La gente que he conocido: los kiwis y los maorís principalmente, con esa amabilidad de la que hacen gala y que no me canso de repetir, seguro que eso lo añoraré cuando vuelva. Todas esas personas que me he ido encontrando que, sin ser conscientes, han sido mis mejores profesores de inglés, con sus expresiones y sus palabras.
Todas esas personas desde Sudamérica hasta Europa, pasando por Asia, tantos rostros distintos, tantas esencias nuevas registradas en mi memoria, que no olvido.
Esa gente tan linda de Bélgica, de Argentina, de Chile y Uruguay, de Tokyo, de Corea, de Madrid y de Italia, de Alemania, de Azpeitia (como país! jajajaja!) de Canadá, de Brazil…
Gracias a los lagos que parecen océanos, a los bosques y playas, a las cascadas y manantiales, a las calas y ensenadas, a las montañas… a los glaciares…
Tantos atardeceres, los más hermosos que he visto jamás, guardados en mis retinas, con sus mil tonalidades, con su paz y con su vida.
Todos los colores, el verde reluciente de los campos, naranjas ocasos, azules y grises del mar, turquesa de las conchas “pauas”, la “piedraverde Jade Nephrita” los aromas, de comida y de plantas, de flores, de tierra, la pureza de la nieve, la calidez del sol, el aire fresco, e incluso la lluvia.
A los animales: los delfines con su juego canalla y divertido, las ballenas con sus movimientos melódicos, las focas con su dormitar, los pájaros, con sus alas bien abiertas…
Ese aire tan limpio y que tantas veces he deseado guardar en mi mochila; mío pero libre…



11:00 h. Tuesday 5 July 2011


Observo las calles de Auckland, la primera ciudad que pisé a mi llegada y que me pareció apabullante, tan repleta de movimiento y luces, de razas y modas de todas las épocas, esa ciudad donde los semáforos, aparte de cruzar las calles, también se pasan en diagonal.
Hoy creo que llevo aquí mucho tiempo, aunque no sea el lugar que más me haya marcado, siempre ha estado presente en conversaciones, para los kiwis que no la consideran parte de su tierra por ser muy ciudad y para los apasionados de ella. Cierto es que no deja indiferente a nadie.
La ciudad de la comida rápida, de las franquicias de ropa, calzado, alimentación… de los coches tuneados, del bullicio, del vicio.
Razas orientales de tez clara e hindús de color chocolate, mezcladas con las europeas y americanas, dando lugar a un divertido batiburrillo de colores.
Edificios altos y majestuosos enmarcan el puerto desde cualquier punto de Queen Street, la calle principal, aromas de asfalto, gasolina y comida rápida se mezclan a cada paso en las pituitarias de cada uno de nosotros. Tan diferente de la isla Sur… tan distante de esos pueblitos en los que al ponerse el sol no más que quedan los sonidos de insectos nocturnos y del aire que osa a balancear las ramas de los árboles.
Aquí estoy de nuevo, aun quedan 6 horas para que salga nuestro vuelo que hará escala en Brisbane (Australia), 13 horas más tarde en Dubai, y dos después de espera hasta el segundo vuelo que partirá durante 7 horas hasta España, a la que llegaré día y medio después. Con su dorado verano, su poca ropa, sus fiestas, rezumando jolgorio, alboroto.
Pronto será mi cumpleaños, diferente sin duda.
A menudo en Nochevieja, cuando todo el mundo a mi alrededor hace balance del año que ha pasado: de lo bueno, de lo mejor y de lo no tan bueno, a mí se me vuelve complicada dicha tarea, no sé muy bien por qué, pero me suele costar, tal vez por ser años lineales, sin grandes cambios, pero con la clara determinación de lo rápido que pasa el tiempo. Pero este año, el 2011 es, sin duda distinto, mágico por muchas cosas, pero sobre todo será por mi recordado como el año en el que puse en marcha aquello que tanto tiempo había deseado, al igual que sentí con total firmeza aquello que se dice de que…


“quien no arriesga, no gana”